Un viernes cualquiera en Madrid.

Marzo ventoso y abril lluvioso traen a mayo florido y hermoso. Si se cumple este refrán, Mayo sería el mes perfecto para que Poison Ivy, una de las singulares antagonistas de Batman, se estableciese en un Madrid que estará lleno de verde. Hasta que eso llega, la lluvia y las bajas temperaturas no deben evitar que disfrutemos de la primavera aunque sea más por ganas que por convicción…pasad conmigo un viernes cualquiera en Madrid.



Siempre he aprovechado mucho, y que dure, la suerte de trabajar los viernes solo hasta las 3 de la tarde y aunque a veces alargo la jornada hasta las 4 lo cierto es que nunca, o casi nunca, salgo más tarde de las 5. Con el cambio de horario y días más largos, Madrid ofrece un crisol de posibilidades que merece la pena disfrutar aunque, como este último viernes, el tiempo no acompañe. Esa tarde empezó, como casi todas, con un café con leche con dos shots de vainilla tamaño mediano y en taza de cerámica en un Starbucks. Es un clásico,  el capricho asumible de la semana. Son legión los que no pisan ni pisarán jamás un Starbucks pero mi no place (todos son iguales) favorito

La previa: La tarde de compras. 

La idea era dar un paseo y llegar andando desde Avenida de América hasta la Gran Vía, donde había quedado para cenar pero la lluvia truncó, a media, mis planes. Sí llegué a dar una vuelta por la exclusiva calle Serrano. Aunque la parte más popular es la que va desde Ortega Gasset hasta su final en la Plaza de la Independencia yo me quedo con el trozo que va desde María de Molina hasta precisamente la llamada milla de oro. Ahí están el museo Lázaro Galdiano, que tengo muchas ganas de visitar pero que tiene un horario imposible, la parroquia de San Francisco de Borja, la embajada de Estados Unidos y una de las pocas muestras culturales, que pena, de toda la calle : la librería Troa. Es una zona muy transitada por coches pero bastante tranquila un viernes por la tarde.


Aprovechando la poca gente que había y que las inclemencias del tiempo no fueron debidamente calculadas, en un arrebato de frivolidad total, decidí cambiar mi outfit sobre la marcha y lo hice en una de las propuestas más económicas de la zona: Mango. En el bonito, porque lo es, local de la calle serrano adquirí un jersey, aprovechando la Midseason Sale, que causaría estragos desde el mismo momento en que dije “no me lo pongas en bolsa que me lo llevo puesto” 


Haciendo un favor a mi cartera y poniendo un poco de cordura a la tarde, estalló una tormenta que obligó a parar el paseo para tomar dirección al centro, donde había quedado para cenar. Una vez allí y teniendo en cuenta que aún quedaba un rato para coincidir con el resto de amigos, volví a subir al Club de Gourmet que El Corte Inglés tiene en el edificio de Callao.

Han pasado ya unos años desde su apertura pero parece que la jugada les ha salido bien. Han creado un espacio muy acogedor en pleno centro de Madrid y en una ubicación privilegiada. Desde sus ventanales se puede ver una de las mejores perspectivas de la Gran Vía, que tiene el mismo encanto de siempre aunque ahora esté en obras. En la coctelería que ocupa la parte central del lugar hay un sanísimo y muy cool ambiente de afterwork que invita a relajarse entre lo bullicioso de los demás corners y tomarse, como hice yo, un refrescante spritz.




Los que ya conocen este Gourmet saben que además de vinos y productos selectos, pueden comer y cenar en una hamburguesería Nostra, tomarse un margarita en el atestado restaurante mexicano o unos noodles en el oriental…¡Si hasta hay una puesto que vende tiramisús de diferentes sabores! Se puede visitar cualquier día, pero los jueves o viernes por la tarde son los más recomendables.

El motivo: La cena con amigos 

El motivo de no volver a casa después de trabajar, aunque muchas veces no lo hay, era esta vez una cena de reencuentro con amigos y qué mejor que hacerlo en un lugar en el que ya había estado con algunos de ellos y que, además, es uno de los locales imprescindibles de la zona.


El Buda Feliz es probablemente el primer restaurante chino que abrió en Madrid  y lo hizo allá por el año 1974 por lo que compartimos 44 espléndidos años. Es uno de esos que llamamos  "de toda la vida"  y que ha sido testigo de la gentrificación de una zona que hace apenas 10 años era algo totalmente distinto. Los que siempre hemos visitado con asiduidad el centro de Madrid sabemos muy bien lo que era los parte trasera de la Gran Vía y lo mucho, para bien, que ha cambiado.


Sorteando la incomprensible cola que aún se hace para cenar en  Five Guys, llegamos a un remodelado restaurante, mucho más acogedor y con innovadores platos que mantienen intacto el espíritu del restaurante chino de siempre. Por supuesto que hay rollitos, ternera con verduras y pollo al limón, pero la forma de presentarlos y algunas variaciones nos los muestran de una manera totalmente distinta.

La relación calidad precio es muy buena, las cantidades de comida son más que aceptables y tiene un menú degustación, bebidas aparte, de 25 euros con el que se queda uno más que satisfecho. Es recomendable tomar la cerveza Tsingtao que sirven cogeladada (en el buen sentido) y lo mejor, además de la atención, es su propuesta de pollo al limón : un plato riquísimo. Habrá que volver.

El epílogo: ¡viva la noche! 

Ni cinco minutos se tarda en llegar desde allí al Fabuloso, el local de Silvia Superstar que es un imprescindible de mi noche Madrileña. lleva 8 años reinando en la zona y mantiene intacta su decoración orginal que lo convierten en uno de los locales más acogedores del centro de la capital.


Un viernes lluvioso hace que salga menos gente y que puedas estar más a gusto en locales que normalmente están a reventar. En El Fabuloso, al que yo prefiero acudir un jueves, siempre suena música no estridente que te permite hablar mientras la escuchas pero que puede arrancarte algún baile. Ocupando los sofás que hay nada más entrar en local disfrutamos de una de esas noches que no se olvidan y que están obligadas a repetirse. Eso si, la próxima paso de largo de los chupitos de un megunje llamado thunderbitch : innenarrable.

Espero que este plan os haya servido de inspiración, os digo que merece la pena y que no resulta, sin no te pasas con las consumiciones y no te vas a comprar un jersey por puro capricho, muy costoso. Una tarde de viernes cualquiera pero totalmente disfrutable.

Post data: Ya circula por las calles de la ciudad la revista Time Out Madrid, una guía imprescindible, como en todo lugar donde se publica, para saber lo que hay que hacer en la capital. Me alegra conocer muchos lugares que proponen, pero más me gusta descubrir todos los planes y locales que se pueden encontrar en sus páginas. Una publicación gratuita absolutamente imprescindible.



Gracias por leerme.

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