El Canadiense en Madrid

Reservé con varias semanas de antelación porque me apetecía darme un capricho en uno de los nuevos restaurantes de Madrid que fuera bonito y especial pero no de esos que dejan tiritando la cartera varias semanas ¿Mi elección? El Canadiense, en la calle Carranza 10. 



Canadá está de moda, pujante como destino turístico y con un presidente joven y popular que es el contrapunto de su homólogo en el país vecino, es un país por el que mucha gente se está empezando a interesar. En un curso de inglés me divertí mucho con mis amigos canadienses, que me enseñaron mucho de un país que es más que nieve, arces y Celine Dion.

Entiendo que este motivo, la creciente popularidad del país, ha hecho que los responsables del Bar La Galleta (Corredera baja de San Pablo) hayan puesto ese nombre a su nuevo restaurante. Tiene una carta corta y con la mayor parte de su espacio ocupado por hamburguesas, ese nuevo plato gourmet (quién lo iba a decir) que desde la crisis ocupa, una vez dado por muerto el gin tonic selvático, el más alto escalafón como must de los foodies. Vancouver, Ontario, Quebec son algunas de las cárnicas, a elegir entre 200 o 400 gramos, tres tipos de pan y muchos extras. También las hay especiales con beef de hash(carne picada procedente de roast beef), pollo massala, o bacalao rebozado. Mi buena amiga Amanda me recomendó el costillar, ya que además de hamburguesas, tienen otros platos, pero mi elección de la noche era ponerme gocho, así que la Hamburguesa, de 200 gramos eso sí, Ontario (Queso provolone, bacon canadiense, mayonesa de vino y rúcula) fue mi ¡acertadísima elección! . 

Os presento a la Ontario con pan multicereal y cebolla caramelizada...aún sueño con ella.

Pero el plato lo que de verdad me entusiasmó, y así se lo dije al camarero, fue el un entrante llamado poutine, una especialidad québécois que ellos elaboran con patata dulce, queso fresco y salsa de carne y que estaba delicioso, de verdad, me hubiese tomado 15 platos. Por tanto, yo que ya he cenado allí. constato que el nombre no es solo una pose, hay platos típicos del país. La velada acabó con un lemon pie que estaba muy rico y que no tiene nada que envidiar al de una amiga que cualquier día que la pillen por banda ….ríete tu de los grandes cocineros ¿verdad, Elena?. 




Lo importante de la experiencia, porque estos sitios no solo ofrecen comidas sino también vivirlas, es que no te sientes timado. Cenar en Madrid por 25 euros cada uno no me parece caro, pero allá cada cual. Se puede encarecer algo, como siempre, por el vino, pero un entrante, dos hamburguesas contundentes, un par de cervezas, un postre y dos cafés nos salieron por algo menos de 50 euros, 25 euritos por persona o lo que es lo mismo, un capricho muy asumible. ¡Bravo a los decoradores! Han logrado hacer un sitio cool, con mucha madera y cierto aspecto urbano industrial sin poner a la vista ni una (o yo no las vi) bombilla incandescente, de esas que ahora pueblan todo Madrid. ¿Y el servicio? muy bueno pero no soy objetivo: siempre que me dicen a mis 43 años ¿Qué vais a querer, CHICOS? Me ganan igual que a esas madres a las que confunden con hermanas de sus hijas. 

 Muy recomendable, pero mejor con reserva. Cruzando la calle tienes Malasaña  ¿qué más se puede pedir?

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