Smoking Room y una tarde en Lavapiés

Qué bonito que la ciudad donde vives no pierda la capacidad de sorprenderte

La frase con la que arranco este post, y que ya forma parte del espíritu de mi blog, me la dijo un chico de una tienda que espero volver a visitar y sobre la que escribiré cuando tenga más ordenadas todas las cosas que tengo en la cabeza. Resultó ser un momento revelador en el que una persona definía solo con una ídea todo lo que yo estaba viviendo esa tarde. 

Una noche de teatro fue la excusa perfecta para perderme por Lavapies la tarde del viernes. No voy a ser yo el que descubra los encantos de un barrio que está capeando como puede, y parece con éxito, los efectos de esas gentrificaciones que convierten a los lugares en no-lugares pero una tarde de viernes soleado ese rincón de Madrid, que está entre El Rastro, Tirso de Molina y el Museo Reina Sofía, es tal explosión de vida que me hizo verlo y redescubrirlo como si nunca hubiese pasado por allí.





Durante algo menos de tres horas recorrí sus calles de arriba a abajo, descubrí locales que de otra manera no hubiese conocido jamás y me enamoré, literal, de las librerías que me encontré por allí. Lo mío con las librerías es algo increíble, entro absolutamente a todas y aunque es probable que la oferta sea similar entre ellas, en cada una encuentro algo, por pequeño que sea, que me resulta atractivo. A mi Sancho Panza particular (paciente Josema) me giraba cada vez que pasábamos por una con cara de cordero degollado diciéndole –a esta también voy a entrar. Y es así como tomó forma una idea que me va rondado de hace mucho tiempo y que es un mapa de las librerías de esta ciudad, que son muchas pero, entre las que seguro, no hay dos iguales. 

Una tarde por Lavapies

Así pase el rato, viendo libros, observando a la gente en las terrazas, comprobando como algunos comercios se engalanan para Halloween y/además/o navidad hasta que llegó la hora de ir al teatro. Junto al Pavón – Teatro Kamikaze hay un local que se llama el Pavón. Justo enfrente de una barbería que debe ser la más cool de todo Madrid, se ha transformado lo que era un bar de mala muerte (pasé tardes allí cuando el Centro Dramático Nacional estaba instalado en el teatro) en un paraíso del hipterismo patrio. El ambiente es de lo más ecléctico pues en su barra igual conviven vecinos del barrio, espectadores de cualquier edad y condición que aprovechan a tomarse algo y lo más moderno de la ciudad, star system español incluido. Estoy muy alejado de lo que es ser un hípster, pero el local, cuando no está a reventar, me encanta y es de lo más divertido del lugar (¿verdad Gabriel?). Allí me pasó el segundo momento inspirador de la tarde conocí al pianista James Rhodes.


Leído hace más de un año. Absolutamente recomendable

Cuando lo vi entrar en el local, le sonreí y le felicité por su libro y su música. Me disculpé por no haber podido ir a su concierto en el Teatro Real y hasta nos presentó a su chica. Íbamos a ver la misma obra de teatro y yo traté de mostrarme calmado, no atropellarme al hablar inglés y que no notara la emoción que sentía por conocer a alguien cuya vida me sigue impactando. Resulto ser de lo más agradable pero francamente no me sale eso de pedirle una foto ni molestar a alguien cuando no está de promoción sino simplemente tomándose una caña.


Smoking Room es la adaptación teatral de una película independiente con el mismo nombre estrenada en 2002 y que se ha convertido con los años en un film de culto. Yo la vi entonces cuando el debate entre fumadores y los que no lo eran estaba en su punto álgido. Los mismos responsables de entonces, Roger Gual y Julio Walovitz son los responsables de esta versión teatral que está protagonizada por Secun de la Rosa, Miki Esparbé, Manuel Morón, Pepe Ocio, Manolo Solo y Edu Soto. Hora y media de teatro de primer nivel donde el fin es mucho menos importante que los medios para conseguirlo. 



El conflicto, más o menos irrelevante, que provoca la necesidad de una sala de fumadores para quienes no quieren pasar frio haciéndolo en la calle, sirve de tapadera para conflictos mucho más serios que se viven dentro de una oficina. Algo de esto si sé pues llevo 17 años trabajando en oficinas, horario de 9 a 19h (en el mejor de los casos), en que convives con personas que a lo mejor nunca llegas a conocer del todo a pesar de pasar prácticamente 10 horas diarias codo con codo. La obra trata de como esas disputas se agigantan cuando una decisión, aparentemente intrascendente, puede crearnos conflictos de interés que impidan el consenso y conviertan el ambiente en una pesadilla. Una sala de fumar, la manera de hacer una presentación, la decisión de poner o no un microondas o incluso quien ocupa el puesto más cerca de la ventana, pueden provocar que te preguntes si conoces realmente a quien se sienta tan solo a unos metros de ti. 

Una comedia negra muy bien interpretada y que fue muy aplaudida por una sala a rebosar. A la salida volví a coincidir con James Rhodes que me sonrió y me dijo que le había encantado. Hasta el día 19 de noviembre si os animáis. En cualquier caso siempre tenéis la película que es excelente y que se puede disfrutar en cualquier momento 

Al salir del teatro lo de la tarde se había convertido en nada comparado con lo que trajo la noche: las calles de Lavapiés estaban atestadas, el tiempo acompañaba y pudimos disfrutar de la oferta que el Festival Multicultural llamado Tapapiés nos ofrecía: Tapa con cerveza por 2,50€. Logramos meternos en el mercado de San Fernando y disfrutar de patatas bosco, chicharroncito del pastor y empanada de lomo de bacalao con grelos, a las 23h cierra este peculiar mercado así que mejor ir prontito.



Tenéis una semana para pasaros por allí (hasta el 29 de octubre) y disfrutar de uno de los ambientes más auténticos de este Madrid que yo tengo tan idealizado.

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