Fin de semana Friki vs Cultureta

1: El Friki 


Si bien la cualquiera de los posibles significados de la palabra es aplicable a mi persona, el tercero es el que más se acomoda a mi afición a los cómics. Es cierto que (sobre todo de un año para acá) leo mucha novela y ensayo pero los tebeos siempre están ahí. La ciencia ficción y la fantasía, por lo menos en lo que imagen se refiere, le deben mucho al noveno arte y de ciencia ficción precisamente ha sido la primera parte del fin de semana. 

El viernes dediqué dos horas a ver la última de Thor y el sábado nueve horas (¡nueve!) para ver la segunda temporada completa de la serie de Netflix Stranger Things. El domingo las cosas cambiaron y un fabuloso aperitivo dio paso a un día de lo más cultural, lleno de libros y buena música.



Las películas de superhéroes son para mí un placer culpable. Sé que no son buenas (la mayoría), que el guión es repetitivo y que los personajes son mayoritariamente planos pero…me encantan, no lo puedo evitar. Es curioso además como la gente que desprecia esto, o lo utiliza para ridiculizarme, no valora mi gusto por la literatura o la ópera, pero es una lucha que tengo perdida. 

La revista Cinerama, gratuita en Kinepolis.

Respecto a Thor: Ragnarok, nada nuevo bajo el sol. Solo la recomiendo a incondicionales del género. Los que se decidan a verla estarán encantados de ver juntos a dos pesos pesados del universo Marvel que siempre han dado mucho juego al enfrentarse, pues al rubio Dios del Trueno le acompaña el siempre increíble Hulk. Con mucho humor y buenos efectos especiales, es muy saludable ver como actores de tanto talento como Cate Blanchett, Tom Hiddleston, Idris Elba o Anthony Hopkins, por no enumerarlos a todos, se prestan sin complejos a realizar este tipo de películas sin que su prestigio se ponga en duda. 

Me gustaron especialmente los guiños que se hacen a los lectores de toda la vida y la incorporación de más personajes al ya muy poblado universo cinematográfico de Marvel. En cuanto a la película, lo dicho, para jóvenes e incondicionales, sería incapaz de recomendarla por muy bien que me lo haya pasado con ella.


Con Stranger Things pasa lo contrario, no dejo de recomendarla. Aunque es un producto que explota, con todo descaro, la nostalgia de los que fuimos niños en los años 80 y ese eterno revival es una cosa que yo crítico de manera muy apasionada (Tanto que a veces niego haber hecho la EGB, con total falta de vergüenza por mi parte porque a mis 43 años ya me diréis…) 

La primera temporada la vi el año pasado del tirón en un día y ha pasado lo mismo con la segunda, nueve horas de sofá enfrente de la televisión absolutamente enganchado a las aventuras de Dustin, Mike, Will, Lucas, Eleven y Maxine. Ambientada en 1984, me siento muy identificado con una época en la que yo tenía 10 años y de la que la serie me ha recordado muchas cosas. El juego Dragon’s Lair, al que no me atrevía a jugar por parecerme complicadísimo pero que tiene un aspecto que incluso hoy, más de 30 años después, sigue siendo atractivo, La bebida Tab, el primer refresco sin azúcar que comercializó Coca Cola y que tenía un fortísimo sabor a sacarina o los muñecos de He-Man y los Masters del universo, de los que yo llegué a tener unos cuantos. (Fin del momento nostalgia)



Nueve episodios que pasan rapidísimo y que te dejan ganas de más. El homenaje al cine de 1984, año en que se estrenaron Los Gremlins, Cazafantasmas, Karate Kid, Los Chicos del Maíz, Terminator o Indiana Jones y el templo maldito, es más evidente en unos casos que en otros pero coincide con todas ellas es su enorme capacidad de entretener. Lo quiera admitir o no, pasarse nueve horas frente al televisor viendo una serie de ciencia ficción tiene algo de friki incluso para aquellos que jamás admitirían serlo. Muy entretenida y bien hecha, es recomendable para todo aquel que quiera pasar un buen rato. (Ya veis lo fácil que es recomendar una serie sin filtrar absolutamente nada de ella).

2: El Cultureta 

Tras dormir una hora más gracias al cambio de horario (no me queda claro si sirve de mucho), el domingo me levanté de lo más fresco y después de un agradable aperitivo/comida volví a recorrer las calles de mi adorado Madrid. 

Con motivo del 400 aniversario de la Plaza Mayor, se está celebrando hasta el próximo 5 de noviembre la primera feria del libro de otoño en la capital. Una propuesta con vocación de continuidad que cuenta con la participación de 60 librerías y más de 100 editoriales y que ha llenado la plaza de casetas con las más diversas propuestas literarias. 



Es como una “hermana” pequeña de la que se celebra en el Parque del Retiro en primavera (cita obligada) y es una excusa perfecta para perderse por el centro de Madrid antes de que lleguen las masas que lo invaden por Navidad. Mi recorrido me llevó a conocer nuevas librerías que visitar y no me fui con las manos vacías. Una vez acabe con Bukowski y sus Mujeres, empezaré a leer Prohibido nacer, del mediático Trevor Noah y esa delicia de biografía gráfica que Maria Hesse ha hecho sobre Frida Kahlo. El día 1 es fiesta, así que los que estéis por aquí aprovechardo: un 10% en libros y una estupenda mañana/tarde por el centro. 

Próximamente delante de mis gafas

Después de estar por allí y tomar algo en la plaza de Ramales, dio comienzo un mes que me llevará a asistir a prácticamente, trampas del calendario, a un concierto por semana. El primero ha sido, otra vez, en el Teatro Real de Madrid. 

Ute Lemper es una cantante alemana que yo conocí por casualidad hace muchos años gracias al musical Chicago. Más tarde, interesándome por la música del alemán Kurt Weill, al que conocí gracias al libro El Ruido Eterno de Alex Ross, volví a dar con ella puesto que es una de las referencias en mantener vivo el legado de la riquísima cultura de la Alemania de entreguerras. 


Último tango en Berlín se titulaba un espectáculo en el que acompañada por un piano, un bandoneón, un contrabajo y un violín nos deleitó con un amplio y variado repertorio (ella toca todos lo palos, ópera, musicales, cabaret....) que nos llevó de Berlín a Paris haciendo una escapada a Chicago. Además del mencionado Weill se oyendo canciones de Astor Piazzola, Frederick Hollaender, Serge Gainsbourg y Jacques Brel, entre otros, que sonaron durante casi dos horas en las cuales no abandonó la escena en ningún momento, introduciendo cada una de ellas con anecdotas, susurros o textos de autores como Philipp Glass o Pablo Neruda.

Lo que esta mujer hace encima de un escenario, el espectáculo que da, es imposible abarcarlo en un simple disco. Su capacidad vocal es brutal. Nos puso los pelos de punta con Lili Marlene  y con Ne me quitte pas de Brel, quizás lo más reconocible del programa que traía, pero aún con las obras menos conocidas o representadas, el recital no tuvo ni un bajón. Me alegra saber que para Mario y Josema fue una muy agradable sorpresa pues yo había sido el que había insistido en ir y hubiese sido una pena decepcionarles. Ella no decepciona y aunque no es lo mismo que verla en directo, este Paris days, Berlin nights os dará una pista de lo grande que es. 



Unos libros, una película, una serie, un paseo por Madrid y música de cabaret. Se puede pedir mucho más, pero estas pequeñas cosas son las que hacen que empieces con optimismo la semana.

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