Carmen a la luz de la luna de Madrid

«El amor es un pájaro rebelde, que nadie puede enjaular, y es vano llamarlo, si él prefiere rehusarse.
[...]
El amor es niño gitano, jamás, jamás ha conocido ley. Si tú no me amas, yo te amo; y si te amo, ¡tú ten cuidado!...»


Leo en El País Semanal, en  la sección dedicada al satírico Mundo Today:

Las personas normales podrán ir a la ópera a partir de 2018

En un gesto de apertura, el gremio dejará que las personas normales accedan a la ópera “aunque sea para confirmar que no es para ellos"


Me viene genial para introducir el tema de hoy pues el sábado estuve viendo Carmen, la ópera más famosa del compositor francés Georges Bizet. En la temporada 2017-2018, El Teatro Real de Madrid está tirando la casa por la ventana para celebrar el 200 aniversario de su apertura y lo hace programando títulos tan famosos como Aida de Verdi, La Boheme de Puccini o, como nos toca estos días, Carmen.  Si me lees, tienes algún tipo de sensibilidad artística, o sientes curiosidad por este arte te recomiendo seguir leyendo. Si no cumples cualquiera de los dos últimos requisitos, también te lo recomiendo porque el saber no ocupa lugar. Parto de la base de que soy un aficionado y en ningún caso un erudito del tema y como tal me acerco a él.


Carmen es una de las óperas más populares de todos los tiempos, una de esas que se llama “de repertorio”. Por poner un ejemplo, según Operabase, reputada e interesante página de estadísticas sobre el tema, durante la temporada 2015-2016 fue la tercera con 691 producciones y 3280 representaciones.



Abro comentario de monóculo : No sé si notan los eruditos que entre las 20 primeras no figura ninguna de un famoso compositor alemán que me produce, como a Woody Allen, ganas de invadir Polonia. No señor, Ricardo Wagner no aparece hasta el número 24 con El Holandés Errante, que es de lo poco que me gusta suyo. Lo grave es que si aparece, con la disculpa de esa “C” enmarcada en azul (para niños), ese bodrio infumable que me parece el Hansel y Gretel de Humperdink. La otra sorpresa es que el amigo Ricardo no aparezca pero si lo haga Lehar y su Viuda Alegre,  opera que ni se me había pasado por la cabeza que estuviese entre las 20 más representadas – Cierro comentario de monóculo.

Volviendo a Carmen. Además de popular para los aficionados, tiene una música que es conocida hasta para quienes nunca han pisado un teatro de ópera. La habanera (con la que comienzo este post), la canción del toreador, el inicio de cuarto acto…pongo como ejemplo la obertura que es cortita y el colmo de la originalidad pues contiene melodías que se oirán después durante toda la representación, así que seguro que la habéis oído alguna vez…


La otra parte del éxito de Carmen está en su argumento. Sevilla, además de muchas cosas buenas, le ha dado al mundo del arte dos mitos que son el reverso del mismo personaje en hombre y mujer: Don Juan y Carmen.  Ambos personajes encarnan el mito de la libertad, la falta de escrúpulos y las fatales consecuencias de sus comportamientos en otros (y en ellos mismos). Próspero Mérimmé  creó a esta gitana empleada en la fábrica de tabacos de Sevilla que plasmaron Ludovic Halévy y Heni Maihac en el libreto que sirvió de base a Bizet para componer una ópera que, cuesta creerlo, fue un fracaso de crítica en su estreno el 3 de marzo de 1875.

En la Sevilla de principios del siglo XIX, se nos presenta una ciudad llena de vida donde una atractiva gitana canta sobre su indómito amor. Poco después una trifulca entre las empleadas de la fábrica de tabaco acaba con la atractiva Carmen entre rejas.  Don José, un cabo que había recibido de ella una flor, cae rendido en sus brazos y la ayuda a huir. Dos meses después, mientras entretiene al resto de oficiales, Carmen se entera que Don José ha cumplido condena por ella.  Hace aparición Escamillo, un torero de éxito que pretende a la mujer pero ella confiesa estar ya enamorada y le da boleto. En el reencuentro Carmen convence (así en cursiva) a Don José para desertar y unirse a los contrabandistas. Un par de meses después ella pierde el interés por Don José y convierte al Torero en su amante. Loco de furia, y sin atender a las señales que Micaela le da sobre el amor que siente por él,  Don José mata a Carmen después de negarse a volver a retomar su relación.

Y así llegamos a las representaciones que se están haciendo estos días en Madrid y que acabarán el próximo 17 de noviembre. Nos juntamos para ir 8 amigos absolutamente entregados a  una ópera de esas que crean afición en una de las representaciones fuera de abono, hago hincapié en este tema porque cuando una representación está fuera de abono puede significar que mucha gente acuda a la ópera por primera vez.


La música no iba a fallar, eso lo tenía claro, los artistas tampoco lo hicieron pero nos encontramos con una de esas  producciones “rompedoras” que contribuyen poco a dar credibilidad a la historia. Soy el primer defensor de la innovación en los teatros, de buscar nuevos significados a las obras que ya conocemos pero con franqueza, el montaje que en 1998 podría resultar moderno y controvertido, obra de Calixto Bieito, me resultó, por decir algo amable, frio. Es cierto que no te distrae de la historia pero cuesta trabajo situarse en la Sevilla del siglo XIX cuando un torero en pelotas simula su labor bajo un toro de Osborne o cuando Carmen sale de una cabina telefónica para empezar a cantar una de las cumbres de esta ópera. Aplaudo el riesgo pero no sé si es válido cuando se pretende crear afición y una ópera así es una manera indudable de hacerlo. Y lo dice alguien que ha visto El Barbero de Sevilla ambientado en un culebrón o la Salomé de Strauss en un casino de las Vegas.  Algunas óperas soportan, sobre todo las atemporales, cualquier montaje pero otras no. No digo recrear toda la Sevilla del siglo XIX sobre un escenario pero algo más que un triste mástil durante una hora y media que duran los dos primeros actos, no hubiese estado mal.

En cualquier caso mi segunda aproximación al mito se salda con una nota superior a un 8 sobre 10 aunque la noche se lleva una matrícula de honor como una catedral. Resultó que el ayuntamiento de Madrid programó para esa noche una especie de noche en Blanco e instaló obras de arte efímero para celebrar la luna del mes de octubre, una excusa como otra cualquiera de apoyar la candidatura del eje Prado- Retiro como patrimonio de la Unesco.

Así que tras salir del teatro y con un par de Pisco Sour encima, nos dirigimos a ver las instalaciones que había en el Ayuntamiento, en la Puerta de Alcalá y en todo el Paseo del Prado. No conseguí ningún programa de todos los eventos que se hicieron esa noche pero disfruté de la originalidad de las propuestas que pude ver,  siendo mi favorita la instalada en la fachada del Museo del Prado donde gracias a una gafas 3D podías verla en movimiento.

Momentazos de una noche mágica

Instalación en Paseo del Prado. Keyframes de Goupe Laps

Fachada del Museo del Prado. Axioma de Onion Lab

Pivoine Couleurs de Tilt, frente al Jardín Botánico.

Si ya me gusta Madrid de normal, me chifla cuando se pone estupendo. Gracias a Nieves, Ángel, Alfredo, Mabel, David, Rosalía, Marisa, Gabriela y Josema por acompañarme.

2 comentarios:

  1. Vuelvo a intentar comentar, creí que disfrutaría de una velada de ópera (gracias a nuestro común amigo Josema) pero se quedó en un intento. No entendí, debo ser demasiado básica, ni al legionario corriendo en calzoncillos ni el torero en bolas, por no decir que una ópera como Carmen se merecía una puesta en escena más lúcida con algo más que un mástil con su bandera o un toro de Osborne y un aparcamiento de coches (parecía el cine de la película Grease). Falta de luz absoluta cuando está ambientada en una ciudad que es pura luz como Sevilla.
    Me pareció innecesario que la protagonista se quitara las bragas, así como los gestos soeces que hicieron varios de los actores y la propia Carmen.
    Micaela, la mejor en la representación a la que fui.

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias por comentar! Veo que estamos de acuerdo, el montaje no hacía justicia al pedazo de ópera que es Carmen ni tampoco a un ciudad tan especial como Sevilla. Habrá más oportunidades de disfrutar ópera esta temporada, así que seguro que nos resarcimos.

    ResponderEliminar

¡Anímate a comentar!